viernes, 19 de octubre de 2007

Sectas a las que pertenezco...

A veces, cuando miro a mi alrededor, descubro con tristeza que me he quedado solo, lamentablemente solo en algunos de mis más sagrados usos y costumbres. Y debo llegar a la dolorosa pero inevitable conclusión de que estoy inscrito en el grupo reducido de miembros de varias sectas, casi en vías de extinción.
Pertenezco, por ejemplo, a la secta de quienes aman la poesía, la leen, la escriben y, lo que es más raro, la dedican a los seres amados en las ocasiones especiales. Cuando me asomé al mundo de la rima, el ritmo y el verso, el mundo creía en el aroma de la flor, en el mensaje de las estrellas y en las cadencias musicales de las palabras. El amor era un poema y el mundo cabía en un verso. Hoy, todo eso ha quedado atrás y, para encontrar a alguien con los mismos gustos es necesario acudir a pequeñas reuniones que, si seguimos como vamos, no tardarán en ser declaradas clandestinas.
Por obra del destino pertenezco también a la secta de quienes saludan a todos en el camino. Al que conozco. Al que no conozco. Al que me contesta. Al que me mira con desconfianza. Al que se niega a contestar. Al que nunca me contesta. Al que responde con una sonrisa. Al que se sorprende de que haya quien aún salud. Y también, aunque sea por última vez, a la dama que huye despavorida por que me confunde con un transeúnte enamoradizo y grosero.
Soy de la secta de los que no cambian la lectura de un libro por ningún otro plan de fin de semana. A la de aquellos que no van a fiesta porque el volumen de la música le impide conversar con sus amigos. A la de quienes son capaces de divertirse sin tomar trago. A la secta de quienes se enamoraron de una sola mujer y para toda la vida.
Pertenezco a la secta de quienes pueden ver en cada anciano a su padre; en cada mujer a su hermana; en cada anciana a su madre; y en cada hombre a su hermano.
Aclaro que no estoy inscrito en estas únicas sectas. Por fuerza de las circunstancias y el cambio de los tiempos, ahora pertenezco al grupo de quienes creen que algún día podremos hacer política sin plata; ganar elecciones sin acuerdos clientelistas y desempeñar cargos públicos en los que se le sirva a la gente sin otra aspiración que la de ganar un sueldo digno. Es una secta casi sin prosélitos. Un día de éstos, seguramente no muy lejano, será necesario liquidarla por falta de membresía. Anticipo que yo me quedaré en ella aunque tenga que pagar la condena de ser un militante solitario y aburrido.
POR: ALEJANDRO RUTTO MARTÍNEZ
http://alejandrorutto.blogspot.com/

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